Dirigir una empresa es, en gran medida, un estilo. No existe una única forma correcta de liderar, pero sí es importante que cada líder sea consciente de cuál es la suya. Para pensarlo, en a.ser usamos una comparación simple: golf o tenis.
El golf se juega en un campo amplio, con múltiples palos para sortear distintos obstáculos y una sola persona responsable de cada golpe. Es un juego mayormente individual, que exige criterio propio en cada decisión. Trasladado al liderazgo, describe un estilo que delega poder de decisión, confía en las personas y exige resultados altos, pero que tiende a ser menos orientado al trabajo en equipo.
El tenis, en cambio, se juega en un espacio delimitado, exige un esfuerzo físico constante y cuenta con reglas específicas, un árbitro y, muchas veces, un entrenador marcando pautas desde afuera. Trasladado al liderazgo, describe un estilo de control constante, coordinación permanente del equipo y presión sostenida. Bien utilizado, puede aumentar la eficiencia en el corto plazo; sostenido en el tiempo sin ajustes, puede resultar agotador, deteriorar las relaciones de equipo y reducir la creatividad de la organización.
La mayoría de los líderes tiende, de forma natural, hacia uno de los dos estilos. Ninguno es incorrecto en sí mismo: el problema aparece cuando el estilo no se adapta al momento que atraviesa la organización, o cuando el líder no es consciente de cuál es su propio patrón de conducción.
Dirigir es, finalmente, un arte que se perfecciona con autoconocimiento. En a.ser acompañamos a líderes a identificar su propio estilo de dirección y a ajustarlo a lo que su organización necesita en cada etapa, a través de nuestro servicio de Liderazgo y equipos.