Los procesos que funcionaron bien cuando la empresa era más chica no siempre acompañan su crecimiento. A medida que aumentan el volumen, la cantidad de personas o la complejidad de la operación, procesos que antes eran suficientes empiezan a mostrar grietas. Estas son tres señales frecuentes de que es momento de rediseñarlos.
La primera es la demora recurrente. No se trata de una demora puntual, sino de una que se repite una y otra vez en el mismo punto del proceso, independientemente de quién esté a cargo ese día. Cuando el cuello de botella está en el mismo lugar semana tras semana, el problema es del proceso, no de las personas.
La segunda es el retrabajo. Tareas que hay que rehacer, corregir o revisar dos veces antes de darlas por terminadas consumen tiempo y recursos que no agregan valor. El retrabajo sistemático suele indicar que el proceso no está bien definido, o que distintas personas lo interpretan de maneras distintas.
La tercera es el costo que no se logra explicar del todo. Cuando los números no cierran con claridad —se gasta más de lo presupuestado, pero no hay una causa evidente con frecuencia la razón está en ineficiencias operativas que no se ven a simple vista, pero que se acumulan en cada ciclo del proceso.
Si alguna de estas tres señales le resulta familiar, probablemente no se trate de un problema de esfuerzo del equipo, sino de diseño del proceso. En a.ser trabajamos el rediseño de procesos a partir de un diagnóstico previo, para asegurar que el cambio resuelva la causa real y no solo el síntoma más visible.